Bicentenario del Perú, país multilingüe

Por , publicado el 13 de enero de 2021

Un nuevo año inició ya con la nueva normalidad en marcha, lo que ha supuesto para todo el mundo cambios en distintos aspectos de la vida. Y en este contexto de cambios, Perú celebra este año el bicentenario de su independencia. Es un buen momento, pues, para ver cómo durante este tiempo ha ido cambiando también el panorama lingüístico de este país, que se reconoce ahora mismo como pluricultural y multilingüe.

Si bien el castellano es la lengua mayoritaria de los peruanos, este convive con otras lenguas, la mayor parte de ellas concentradas en la selva (44) y unas pocas en la sierra (4). La costa, sin embargo, empezó a castellanizarse pronto y ya para fines del siglo XVIII ya no se hablaban más lenguas como el tallán, el mochica o la quingnam, entre otras. El Documento Nacional del Lenguas Originarias (2013), actualizado en 2018, reconoce 37 lenguas ya extintas y 48 lenguas aún vigentes, que se hablaban desde antes de la llegada de los españoles y que han logrado subsistir a los distintos avatares que ha vivido el Perú desde la época colonial hasta la ahora bicentenaria república. De ellas, el quechua y el aimara son las que cuentan con mayor número de hablantes (13,9% y 1,7% de la población según el censo 2017), mientras que agonizan por falta de ellos el arabela, el iquitu y el taushiro, entre otras.

Que el Perú se reconozca a sí mismo como multilingüe y promueva políticas para la promoción y preservación de sus lenguas originarias es todo un cambio favorable respecto de la visión que se tenía sobre este patrimonio inmaterial. Se trata, sin embargo, de un cambio reciente, (desde fines del siglo XX e inicios del XXI), cuya materialización más notable es, sin duda, la ley n.º 29735 o Ley de lenguas. Promulgada en 2011, y reglamentada en 2016, tiene como fin atender justamente a toda esta realidad lingüística y a sus hablantes históricamente olvidados, a pesar de su reconocimiento como lenguas cooficiales del Perú (junto con el castellano) según el artículo 48º de la Constitución peruana vigente.

En estos doscientos años de vida independiente el castellano fue progresivamente ganando terreno, convirtiéndose en la lengua mayoritaria, pero no por su mejor valía frente a las lenguas originarias, como podría aún pensarse (manteniendo el pensamiento colonial de la inferioridad de las lenguas indígenas), sino por una serie de factores externos en los que, definitivamente, el que el castellano haya sido la lengua de los que gobernaban fue el factor decisivo. Asimismo, los hablantes de lenguas originarias adoptaron el castellano como su segunda (o tercera, para quienes hablan más de una lengua originaria) lengua bien por la vía oficial de la escolarización, bien por la vía informal, en el contacto diario con los hispanohablantes, forzados a ello para poder insertarse en la naciente república peruana.

Este proceso de castellanización, que aún sigue vigente en el Perú, también ha estado sujeto a cambios. El censo de 1940 arrojó una ingente cantidad de analfabetos (el 57.6% de los 6 207 967 habitantes censados), sobre todo en la zonas rurales. La costa estaba habitada solo por el 28,3% de la población y la selva por el 6.7%, mientras que la sierra concentraba la mayor parte de la población peruana (65%), sobre todo indígenas hablantes de lenguas indígenas o vernaculares, a los que había que enseñarles (de alguna forma) a leer y escribir en castellano, lo que se entendía en la época, a su vez, como una manera de “civilizar”. Lamentablemente, estos primeros intentos vienen marcados por una política sustraccionista que promovía el aprendizaje del castellano a costa de la censura y del olvido de la lengua originaria materna. Con ciertos cambios, esta política asimilacionista se mantuvo hasta que a partir de la segunda mitad del siglo XX, atendiendo a los nuevos enfoques pedagógicos sobre la enseñanza de segundas lenguas, se empezó a cambiar este paradigma.

Enfocados en los hablantes de lenguas originarias, la política lingüística peruana actual promueve una educación intercultural bilingüe (EIB) en la que el acceso a la escolarización no supone ya la pérdida de la lengua originaria materna, sino que, más bien, es esta la que se enseña en las escuelas como lengua primera y el castellano como segunda lengua.

Este panorama lingüístico, influye, pues, en el castellano hablado en el Perú, que no es ni la lengua materna de todos los peruanos ni es el mismo –uniforme y homogéneo– en todo su territorio. El castellano peruano vendrá influido, necesariamente, por al menos dos factores: la procedencia geográfica del hablante (costa, sierra o selva), que implica una mayor, menor o nula influencia de las lenguas originarias sobre él, y, de otro lado, si quien lo habla es o no un hablante monolingüe de castellano, lo que supondrá en el segundo caso ciertas interferencias de la lengua materna, sobre todo, en bilingües incipientes.

En estos doscientos años de vida independiente es bueno ver que el Perú ha ido revalorando su patrimonio lingüístico y que ha tomado medidas para incluir en este proyecto nacional a todos los peruanos sin que eso conlleve la renuncia a su propia cultura e idioma.

 

 

Un comentario

  • Anónimo dice:

    A falta de una palabra que describa una cosa o situación, por ejemplo: un delíveri, ¿conlleva la renuncia a su propia cultura e idioma?

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