Mi lengua, mi derecho: lengua materna y ciudadanía en el Perú
Por Shirley Cortez González, publicado el 25 de febrero de 2026Hace unos días se han cumplido 25 años desde que se propusiera fijar el 21 de febrero como el Día Internacional de la Lengua Materna. Con ello, la UNESCO se comprometía a promover la diversidad lingüística y cultural, así como el multilingüismo. La defensa de las lenguas se apoya en la idea de que estas no son solo medios de expresión y comunicación humana, sino también la forma en que se preserva y transmite generacionalmente la cultura de una sociedad.
La denominación lengua materna pone el foco en el papel de la madre como factor determinante en la lengua en que el niño pequeño empezará a hablar, desde los primeros sonidos sin significado (balbuceos) hasta la expresión completa de su pensamiento en frases complejas, lo que le toma, en condiciones normales, al menos los cinco primeros años de vida. En esta etapa inicial de su vida, el niño debe estar expuesto constantemente a la interacción verbal con otro, generalmente la madre, cuya forma de hablar servirá de input para el desarrollo de la facultad del lenguaje.
Este esquema básico se torna complejo cuando se pasa de una situación monolingüe a un contexto plurilingüe. Pensemos, por ejemplo, en el caso extremo de un niño cuyos padres hablan cada uno una lengua distinta y que, además, nace en un entorno donde se habla otra lengua diferente: ¿qué lengua terminará hablando el niño? Esta situación ofrece múltiples salidas, dependiendo de factores como el prestigio social de las lenguas, el grado de interés por mantener la propia lengua (y cultura) de los padres o la posibilidad de usar una u otra lengua sin restricciones o discriminación. El niño sería capaz de aprender cualquiera de ellas, sin problema, pero tendrá preferencia por alguna, en la que empezará conocer el mundo y a expresar plenamente sus pensamientos y emociones, sea o no la lengua de su madre.
En este sentido, la lengua materna puede entenderse también como la primera que domina el niño, la que le permite expresarse de forma más natural o, incluso, la que valora como parte de su propia identidad y que le otorga sentido de pertenencia a una comunidad. Además, la lengua materna tendría que permitir el acceso a servicios básicos como la educación, la salud, la justicia. Y ahí el panorama se puede volver a complicar.
En el caso del Perú, el multilingüismo y la pluriculturalidad han estado presentes a lo largo de su historia, desde las culturas preincaicas hasta la actualidad. Sin embargo, el uso de la lengua materna no ha corrido siempre la misma suerte. Decía el Inca Garcilaso de la Vega que había mamado en la leche materna no solo la lengua cusqueña, sino también la historia y cultura de sus ancestros: «Yo escribo, como otras veces he dicho, lo que mamé en la leche y vi y oí a mis mayores» (Libro I, cap. XXVII). Aunque el quechua era la lengua de su madre, aprendió también el idioma de su padre, el castellano, que contaba con escritura, y con el que escribió sus célebres Comentarios, en los que no faltan las referencias a su lengua materna.
En el Perú actual, el 82.6% de la población mayor de 5 años reconoce el español como su lengua materna, mientras que el 13.9 % tiene al quechua como su primera lengua, seguidos de los hablantes de aimara (1.7 %). De las 44 lenguas amazónicas, el mayor número de hablantes lo tiene el asháninka (0.3 %), de acuerdo con los resultados del último censo (INEI-Perú. Censos Nacionales 2017). Como es evidente, la mayor parte de los peruanos habla y se desenvuelve socialmente a través del castellano, un castellano que en la costa norte del Perú resulta casi la lengua exclusiva, en tanto que en la costa centro y sur, así como en las zonas andinas y de la selva convive con las lenguas originarias, muchas de ellas en situación vulnerable.
Atendiendo a la realidad multilingüe y pluricultural del país, desde hace un par de décadas el Perú ha venido prestando mayor atención a los derechos lingüísticos de todos sus habitantes, fomentando el acceso a los servicios básicos en la lengua materna del hablante (Ley 29735). Así, para muchos peruanos la lengua materna se convierte muchas veces en un impedimento para lograr una verdadera ciudadanía, tal como arrojan los datos sobre analfabetismo en el Perú, en que este factor incide sobre los resultados: hasta 2017, el 15.5 % de la población que hablaba una lengua originaria se consideraba analfabeta, frente al 3.3 % de los que hablan español (INEI-Perú. Censos Nacionales 2017), situación que se agrava aún más si se desglosan los resultados por sexo y zona geográfica, pues la mayor tasa de analfabetismo recae en la mujer hablante de lengua originaria, perteneciente a una zona rural andina o amazónica.
Queda esperar que los resultados que arroje el reciente censo 2025 traigan avances sobre este aspecto, esencial para el ejercicio de una ciudadanía plena.