¿Eufemismo o manipulación?

Por , publicado el 27 de mayo de 2026

En la portada del diario oficial El Peruano del pasado 25 de mayo del presente apareció el titular «Articulan labor para evitar incidencias en la segunda vuelta», con el antetítulo «JNE y ONPE afinan despliegue logístico». Esta forma «políticamente correcta» se podría considerar un eufemismo, pues se ha empleado la palabra «incidencias» para evitar el término «irregularidades» o incluso «fraude», como es el sentir de gran parte de la población en las elecciones generales del 12 de abril de 2026.

No obstante, este artículo no pretende hablar de lo que está sucediendo en este proceso electoral peruano, sino del eufemismo. El Diccionario de la lengua española (2026, v. 23.8.1 en línea) lo define como ‘manifestación suave o decorosa de ideas cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante´, por ejemplo, tercera edad o adulto mayor en vez de viejo; órgano sexual masculino o miembro viril por pene; poco agraciado en lugar de feo, etcétera.

Su origen etimológico se remonta al latín euphemismus y este del griego eu ‘bueno’ y phemi ‘hablar’, es decir,  palabra buena o con un buen fin.

Si bien nace con esta finalidad para suavizar o sustituir términos considerados tabú, ofensivos o desagradables, no siempre se emplea adecuadamente; pues, muchas veces, es una herramienta de manipulación del lenguaje para enmascarar una intención o maquillar una situación negativa buscando minimizar la percepción de peligro o daño, evitando así reacciones de rechazo o evadiendo responsabilidades, por ejemplo, el uso de conflicto armado interno o guerra interna en vez de terrorismo con la intención de justificar las acciones incorrectas en la época de los ochenta en el territorio nacional alterando la percepción de la violencia extrema que se sufrió en ese periodo, o interrupción voluntaria del embarazo en sustitución de aborto provocado para minimizar el acto antiético del homicidio a un ser indefenso.

Los eufemismos se emplean en distintos ámbitos. En el político: conflicto bélico (guerra), daños colaterales (muertes civiles), servicio de inteligencia (espionaje), país en vías de desarrollo (país subdesarrollado), etc.; en el económico: ajuste de personal (despido laboral), actualización de tarifas (aumento de precios), activos adjudicados (embargos), periodo de ajuste económico (recesión), etc.; en la vida laboral: ejecutivo de ventas (vendedor), auxiliar de servicios de ingeniería civil (peón de obra), distribuidor de productos alternativos de alta rotación (vendedor ambulante), etc.; en la vida cotidiana y social:  faltar a la verdad (mentir), pasar a mejor vida (morir), cese de convivencia (divorcio), establecimiento penitenciario o centro de readaptación social (cárcel), clínica de salud mental (manicomio), etc.; en la publicidad: alisado de líneas de expresión (tratamiento de arrugas para frente y contorno de ojos), recuperar la densidad capilar (evitar la calvicie), talla plus (talla grande), pago en cómodas cuotas (crédito con intereses), etcétera.

Asimismo, se debe tener cuidado de no caer en lo opuesto al eufemismo, esto es, el disfemismo que ‘nombra una realidad por medio de una expresión peyorativa con intención de rebajarla de categoría’ (DLE, 2026, v. 23.8.1 en línea): estirar la pata o ir al hoyo por morir, lamebotas o chupamedias en vez de adulador, matasanos en lugar de doctor, sacamuelas en sustitución de dentista, etcétera,

En conclusión, el uso de disfemismos y eufemismos dependerá siempre del contexto o situación comunicativa, no debemos emplear disfemismos con intenciones despectivas o insultantes en el lenguaje académico formal donde se requiere objetividad y respeto; pero sí podemos con fines cómicos o satíricos en registros informales. Tampoco utilicemos eufemismos cuando se promueve un lenguaje ambiguo en el que se manipula u oculta la realidad como el ejemplo manifestado en el primer párrafo con la palabra «incidencias». Obviamente, el fin de las autoridades electorales y de algunos medios de comunicación es mantener la legitimidad del proceso electoral y evitar una crisis institucional, pero ¿el fin justifica los medios? La respuesta es evidente en esta pregunta retórica, ya que todo ciudadano busca la verdad, así el lenguaje no sea el «políticamente correcto».

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