La atención de lo verdaderamente importante. Milena Lema
Todo conocimiento humano se inicia con un proceso perceptivo que inclina nuestro interés sobre un determinado objeto. La capacidad intelectual a la que llamamos “atención” es la puerta de ingreso hacia el logro de aprendizajes; para ello, la inteligencia se centra (o con-centra) en algo que quiere conocer, poseer o atraer hacia su interior. En efecto, atender desde su significado etimológico supone “tender el espíritu hacia” o “estirarse hacia”. Es decir, cuando atendemos algo (o a alguien) es porque tenemos intención de ir hacia ello; nuestra inteligencia se vuelca hacia esa realidad. Así, la atención no opera como mera recepción pasiva de estímulos, sino que depende -ya no solo de la inteligencia como capacidad- acaso también de la voluntad.
No hay duda de que, el tema de la atención es una preocupación de todo educador, pues si no hay atención, no hay verdadero aprendizaje. Sin embargo, debemos distinguir la atención pasiva (scrollear mientras miramos el celular), de aquella que es activa e intencional (atender a una persona que nos habla). Investigaciones actuales concluyen que los alumnos presentan mayor cantidad de alteraciones funcionales que años atrás, debido a la interferencia que provoca la gran cantidad de estímulos disponibles, y la inmediatez y rapidez de su presentación. Todo ello produce hiperestimulación sensorial e impide que puedan concentrarse en lo verdaderamente valioso que deben percibir.
En vista de ello, cabe preguntarnos si el problema realmente está en la alteración de la función en sí o estamos enfrentándonos a otra dificultad mucho más compleja. Es decir, ¿nuestros alumnos están perdiendo capacidad atencional? o, debido a la gran cantidad de estímulos que reciben, ¿pierden de vista las realidades verdaderamente importantes, dignas de atender?
No cualquier realidad merece tener nuestra atención y conocimiento. Hemos afirmado que la atención predispone al individuo a “poseer” aquello que le interesa y por lo cual inicia y desarrolla un proceso de aprehensión. En ese sentido, es esencial la educación de la atención hacia las realidades que valga la pena conocer, poseer e incluir dentro de nuestro interior. No da lo mismo observar la belleza, la proporción y la armonía en un paisaje, que detenernos a mirar alguno donde campea la suciedad, lo grotesco y desordenado; no da lo mismo escuchar cualquier tipo de música ni leer cualquier libro… Reconocer que lo que tenemos en frente es digno de nuestra atención y, por tanto, de nuestra interioridad, pasa por reconocer nuestra valía, por sabernos seres inteligentes, espirituales y libres.
En efecto, la educación de la sensibilidad y los sentidos es quizá el factor más importante que hay que enseñar, pues significa ofrecer al alumno criterios valiosos de selección atencional. Tenemos que lograr que dirija su voluntad, su libertad y todo su ser hacia la apreciación de la belleza, la bondad, la unidad… Y esa, -dicho sea de paso-, no es tarea exclusiva ni debe ser preocupación únicamente del docente, sino también de toda la familia.

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Milena Lema León Es magíster en Psicopedagogía y licenciada en Educación. Enseña los cursos de Psicología Evolutiva y Organización Educativa. Ha sido directora general del colegio Vallesol (Piura) durante 9 años. |



