Empezamos el 2026 con una noticia que remeció las relaciones internacionales. La captura y detención del dictador Nicolás Maduro por fuerzas armadas de los EE. UU. en territorio venezolano. La evidencia sugiere que esta acción fue parte de la estrategia geoeconómica de la administración del presidente Trump, aunque destacada cuidosamente como una persecución al líder de una banda criminal que atentaba contra la seguridad norteamericana. 

Lo cierto es que la Venezuela de Chávez y Maduro, principalmente debido a su terrible manejo económico y en parte forzada por las sanciones norteamericanas al endeudamiento y a la venta internacional de petróleo, ha construido alianzas con China, Rusia e Irán, peligrosas desde el punto de vista norteamericano.

El 2017, Venezuela hizo default de su deuda externa, y hoy se estima alrededor de US$ 150 billones, el doble de lo que sería su PBI, por lo que ningún privado quiere prestarle dinero. Condiciones similares se viven en otros países. Esto ha sido utilizado por el Gobierno chino para erigirse como prestamista de última instancia de diversas naciones con problemas económicos y establecer relaciones de poder sobre estas.

Venezuela, que se ha declarado contraria a las leyes del orden económico mundial, no cree en el FMI o en el Banco Mundial, las multilaterales que pueden prestar dinero cuando ningún privado quiere hacerlo pero que le hubieran exigido seguir un manejo económico ortodoxo. Venezuela ha preferido pedir dinero a China, que es el principal acreedor de su deuda. Se estima que China prestó cerca de US$ 60 billones, y que fueron garantizados por el petróleo. Así, China se convirtió en el primer destino del principal producto venezolano.

La acción militar norteamericana en Venezuela ha elevado la preocupación en China por la recuperación de su deuda, por lo que podría significar reemplazar el petróleo venezolano por otro más caro; y por las consecuencias en sus empresas que explotan petróleo venezolano. Trump ha dicho que empresas estadounidenses reconstruirán la industria petrolera de Venezuela y su nueva relación con el gobierno de este país le da ventaja para favorecer intereses norteamericanos sobre cualquier otro. Como estrategia militar, la cuarentena le permite a Estados Unidos intervenir y tomar petróleo transportado en buques sancionados: regula el suministro de petróleo a rivales geopolíticos como Rusia, Irán e incluso a Cuba cuya electricidad es absolutamente dependiente del petróleo venezolano. 

Los eventos que rodean a Venezuela no pueden explicarse únicamente como un conflicto político o una persecución criminal; responden también a incentivos económicos y disputas entre potencias por recursos clave. Son muestra de que la economía y la geopolítica están profundamente entrelazadas. Para países como el nuestro hay una advertencia clave: la soberanía económica depende de cómo nos insertamos en redes financieras, comerciales y geopolíticas. Para los futuros economistas, el mensaje está claro: comprender la geopolítica ya no es opcional para entender los resultados económicos.

 

Franklin Huaita Alfaro

Es doctor en Economía, especializado en Harvard Kennedy School. Consultor en Gestión Financiera Pública, experto del FMI y Banco Mundial en América Latina; y, profesor y exdirector de Economía en la UDEP.