Cuando un sueño florece. Gianella Mejía
Desde niña imaginaba estudiar en otro país. Era un sueño que parecía lejano, casi irreal, marcado por las desigualdades educativas que vemos en nuestro país. Aun así, ese anhelo se convirtió en una guía silenciosa que orientó mis decisiones académicas y personales.
El proceso para obtener una beca internacional fue un recorrido lleno de retos, incertidumbre, silencios largos y resultados que no siempre llegaron como esperaba. Recibí rechazos que dolieron más de lo que admito; de esos que sacuden las convicciones y hacen preguntarse si el esfuerzo realmente vale la pena. Sin embargo, después de todo entendí que la preparación tiene un valor que no siempre es visible de inmediato y que la disciplina es una inversión que siempre retorna.
La oportunidad llegó de manera inesperada. Alemania apareció como un horizonte nuevo, desafiante y emocionante. Cada proyecto, cada noche de estudio, cada intento fallido formaba parte de un mismo camino que, aunque irregular, me había preparado para este momento. La beca no solo representa un logro académico, sino la certeza de que los sueños de infancia, por más lejanos que parezcan, florecen cuando se alimentan con perseverancia.
Hoy, vivo una experiencia que me reta y me inspira a diario. Y, mientras continúo aprendiendo, tengo claro que este es solo el inicio de un camino más grande.

GIANELLA MEJÍA HERRERA
CONTABILIDAD Y AUDITORÍA. IX CICLO. CAMPUS PIURA



