“Entonces no había más que arena, arena y arena…”
“Estuve en los primeros años, cuando todo era ‘comenzar’. Debías tener mucho cuidado porque podías encontrar un escorpión sobre tu escritorio: todo era un absoluto desierto. Ese vergel que vemos ahora es un milagro. La conquista que se ha hecho es espectacular”, comenta Mariamarta Bello, quien fuera bibliotecaria en la UDEP hace 50 años.

C onoció, por primera vez, el proyecto en 1968, antes de que comenzaran las actividades académicas. Al terminar la secundaria en Lima, Mariamarta había ido a estudiar Bibliotecología a la Universidad de Navarra. “La idea era que, al volver, pudiera trabajar en la principiante biblioteca en Piura. Una semana después de volver, ya estaba ahí. Era 1971”, recuerda.
“Tenía 22 años. Pensaba que me haría cargo de la biblioteca; pero, en ese momento estaba a cargo Cecilia Rey quien, con mucha generosidad, al igual que el rector Ricardo Rey y toda su familia, había venido de Lima para sacar adelante la universidad, por encargo de San Josemaría”, señala. Entonces, Mariamarta ayudaba en la atención de los alumnos, a catalogar los libros y otras tareas encomendadas.
Al llegar a la universidad, describe, “lo primero que te encontrabas era la biblioteca. Había un aula que era la sala de estudios, y un ambiente un poco más pequeño, que era el depósito de libros. Eso era todo”.
También, recuerda agradecida el cariño, la acogida y enseñanza que le brindaron todos porque, “a los 22 años, no eres muy experimentada”. Los profesores, comenta, también habían llegado a Piura dejando unos puestos importantes en Lima; “inclusive algunos no eran peruanos”.
“Los libros eran mi pasión”
¿Qué la trajo al desierto, tan lejos de su hogar? “Siempre me han gustado los libros; además, me hacía mucha ilusión participar en esta aventura, al pensar que estábamos empezando una universidad (yo soy del Opus Dei)”.
Al llegar, todos hacíamos de todo. “Estaba para lo que hiciera falta (…) Fui responsable de las señoras de la limpieza, de las secretarias de la universidad; y, cuando un par de años después se puso el primer oratorio, también me lo encargaron… Además, con la asesoría del doctor Pablo Pérez, di clases de Técnicas de Estudio. La vicerrectora de Campus Lima, María Pía Chirinos, siempre me dice: tú me enseñaste a estudiar; y, yo creo que aprendí de ella, porque es una persona brillante”.

“Las personas que conocí”
“Me sentí muy cuidada, muy ‘arropada’ desde el primer día en que llegué”, dice Mariamarta. Además, expresa que se siente agradecida por los personajes que conoció, como el estudioso de cuestiones marítimas y del Fenómeno El Niño, Ramón Mugica. “Fue quien más me impresionó, al ver el sentido positivo que trasmitía a todos; como lo hacían el doctor Pablo Pérez, el ingeniero Rafael Estartús, la doctora Luz González (…). Después, fue buenísimo tratar a Yolanda Ho, con quien vivía y compartimos muchísimas cosas”.
“Era fácil hacer amistad con los profesores, con los alumnos y con quienes trabajaban conmigo. Al comienzo fue Olga Gutiérrez; después, la señora Blanca Cortés, quien fue la secretaria en la Biblioteca, antes de ser secretaria de Consejo Superior. Ella era como mi mamá. También, trabajé con Marlene Moscol e Irene Vergara”.

“Conocía a San Josemaría en 1971”
“En el Perú también estuve con él en 1974; pero, lo conocí en la Universidad de Navarra, el 17 de noviembre de 1970. No voy a olvidar la fecha. Era un día muy frío en Pamplona. San Josemaría había ido a la universidad porque quería que tuviera una Facultad de Teología (…) Yo ni siquiera tenía 20 años; y era un poco tímida. Tuve la suerte de estar al lado de una persona del Opus Dei. Pensé que, si me ponía a su lado, el Padre iba a parar a saludarla. Como efectivamente sucedió”.
Cuando vino al Perú (1974) “tuve la oportunidad de estar con él en varias ocasiones, durante las tertulias en Lima. La última estuvo especialmente dedicada a la Universidad de Piura. Fuimos a Lima muchos alumnos y profesores; entre ellos, una eminencia, don Vicente Rodríguez Casado, quien vino durante muchos años de España a Piura. Yo viajé en bus con casi 50 alumnas. Todos llevábamos la beca de la universidad”. Poco después, San Josemaría enfermó.
“El mensaje de San Josemaría siempre ha sido que todos podemos santificarnos a través del trabajo ordinario. Además, animaba a los profesores a llevar siempre a Dios consigo, sin hablar de él, necesariamente, sino a través del actuar, con el ejemplo, con el testimonio (…) Por ello, el ejemplo recibido -desde los pioneros- ha sido sacar adelante la universidad, con un trabajo que parecía pasar totalmente desapercibido. Confío en que ese tipo de cosas no se pierdan”, enfatiza Mariamarta.




