“Cuando me incorporé al claustro de profesores (1969) era muy joven. Acababa de graduarme de doctora en Filosofía. Me llamó mucho la atención el ambiente universitario: los profesores teníamos una relación de respeto y exigencia con los estudiantes. Recuerdo que, en el cumpleaños del primer rector, Ricardo Rey, los alumnos llegaron a cantarle “Las mañanitas”, algo que yo nunca había visto. El rector era como un papá para los chicos. Realmente, la Universidad ha sido un milagro en el desierto y espero que siga creciendo y dando muchos frutos”.