La Casona que Gutiérrez construyó y que la UDEP preserva
Construida en 1920 e inspirada en las villas italianas, esta mansión —declarada Patrimonio Histórico de la Nación— es hoy sede del Centro Cultural de la Universidad de Piura en Lima.

Miraflores es el centro turístico de Lima, donde las inmobiliarias demuelen sin pausa sus casonas antiguas para dar paso a edificaciones cada vez más altas.
En ese contexto, la Casona dela avenida Pardo — rememorada por los vecinos como la Casona Gutiérrez— resiste como un testimonio de la arquitectura de principios del siglo XX: imponente, serena. Rodeada de torres de vidrio y concreto, su silueta de inspiración italiana desafía el tiempo y alberga el arte nacional de nuestro pasado y presente.

UN MINISTRO TRUJILLANO Y SU RESIDENCIA EN MIRAFLORES

Según una investigación del profesor Luis Francisco Eguiguren, la historia de la casona comienza con don Salvador Gutiérrez Pestana, nacido en Trujillo en 1872, quien contrajo matrimonio en la Catedral de Lima con María Teresa Rosa Adriana Gálvez Rodrigo; tuvieron seis hijos.
Don Salvador fue una figura de peso en la vida pública peruana: ejerció como ministro de Fomento, al inicio del Oncenio de Leguía; luego, como senador por Lambayeque entre 1919 y 1924. Sin embargo, su huella más marcada la dejó como empresario.
Asimismo, en lo social, donó uno de los vitrales, que aún luce en la puerta (la que da al parque Kennedy) de la parroquia Virgen Milagrosa de Miraflores; cedió el terreno para la construcción de la parroquia San Vicente de Paúl —donde una placa con su nombre en latín, Salvator Gutiérrez, recuerda su generosidad— y donó también el terreno del Cementerio Municipal de Surquillo. Fue además uno de los fundadores del Club Tennis Las Terrazas.

Familia Gutiérrez Gálvez
RESIDENCIA FAMILIAR A CASA DE CULTURA

En 1919, encargó la construcción de su residencia familiar al arquitecto e ingeniero Enrique Bianchi Treviño, uno de los docentes fundadores de la carrera de arquitectura en el Perú. La casona se levantó en pleno auge urbanizador del gobierno de Leguía, cuando Miraflores pasaba de zona de haciendas a distrito moderno.
Inaugurada en 1920, con un diseño inspirado en las villas italianas de reminiscencias clásicas, en ella vivió la familia Gutiérrez-Gálvez durante las décadas siguientes. Al fallecer don Salvador, su hija mayor —inspirada por la vocación de servicio de su padre— propuso donar la casona a la Asociación Civil de Educación y Cultura (ACEC), vinculada al Opus Dei. Así, por donación de doña Adriana Gálvez viuda de Gutiérrez y de su hija doña Isabel, el inmueble cambió de titulares. En 1962 se instaló allí el Centro Cultural Universitario Miralba, que ofrecía formación académica, humana y espiritual bajo la orientación de la Prelatura del Opus Dei.

UN SANTO EN LA CASONA
Un hito de especial significado ocurrió en 1974, cuando san Josemaría Escrivá de Balaguer visitó la Casona Gutiérrez, durante su gira por Latinoamérica. En Miralba sostuvo las únicas tertulias que dio en Lima metropolitana; se reunió con centenares de personas — entre ellas, estudiantes y profesores de la UDEP llegados desde Piura— para transmitir su mensaje de buscar a Dios en la vida ordinaria. En el jardín trasero se conserva aún una placa conmemorativa de aquellas visitas.

El hecho conserva un especial valor simbólico para la universidad. “La visita que hizo san Josemaría a este lugar fue lo más cerca que estuvo a la ciudad de Piura.
Ahora, abrir un centro cultural en esta casona, con la historia que tiene, es muy gratificante. Nos sentimos más cerca porque somos la segunda universidad fundada por san Josemaría”, expresó el entonces rector Sergio Balarezo durante la inauguración del Centro Cultural en 2018.
En 1980 llegó el reconocimiento oficial: la Resolución Ministerial N° 0928-80-ED del Instituto Nacional de Cultura declaró a la Casona Gutiérrez Patrimonio Histórico Inmueble de la Nación, siendo la única casona de Miraflores incluida en ese documento. En 2014, el Ministerio de Cultura determinó sus espacios intangibles.

Y, exactamente 50 años después de la visita de san Josemaría, monseñor Fernando Ocáriz, prelado del Opus Dei, estuvo en los mismos jardines que el fundador de la obra, para bendecir a las autoridades de la UDEP y sostener nuevas tertulias.




