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Ejemplo a seguir
Miguel Grau como directivo
A propósito del 8 de octubre, es conveniente recordar la figura de Miguel Grau Seminario no solo como héroe del combate de Angamos, sino también como directivo y hombre público, y de cuyo accionar se rescata el mensaje que con su vida nos legó el Gran Almirante del Perú.
Por : Hugo Sánchez (*)
Un participante a uno de nuestros programas directivos me contó que cuando visitaba el mausoleo del Almirante Nelson en Londres, al pie de la tumba había unas reliquias que le llamaron la atención. Se trataba del Almirante Grau. Con mucha curiosidad se acercó a uno de los guías y le preguntó qué hacían esas reliquias acompañando las del marino inglés. La explicación fue más o menos así: "En Inglaterra enseñamos a nuestros niños a imitar aquellos hombres que por su comportamiento son ejemplos dignos de seguir. Nelson es uno de estos personajes y este otro marino, también".
En el capítulo XII "Pensamiento y Actitud" del libro"Miguel Grau" que publicara este año José Agustín De la Puente, se nos presenta a un hombre cuyo comportamiento es digno de resaltar como mensaje de ejemplo a nuestros actuales dirigentes. Ante todo, describe este libro, el Almirante fue un hombre coherente: en lo privado y en lo público, en familia o en la cubierta de su buque; como militar o como político; como ciudadano común y como héroe, Grau fue siempre el mismo: hombre callado y sencillo, que prefería pasar inadvertido y demostró ante todo un fuerte sentido del deber.
Siempre estuvo dispuesto a dar lo mejor de sí para que se cumpla lo encomendado y cumplió estos con una atención especial en los detalles. Cuanta falta hace en las empresas e instituciones personas que sean capaces de hacer lo que se debe y no lo que les es conveniente; y además, hacerlo de manera superlativa y no reclamar excesivos elogios por los méritos logrados.
Grau no fue un hombre que se hiciera en las aulas. Se hace marino mercante desde los 9 años y hasta su ingreso en la Marina de Guerra con 19 años cumplidos, su formación tiene como base los valores recibidos en casa y al correcto juicio que tuvo para escoger amigos. Tuvo en la práctica, el contacto humano y las lecturas los fundamentos de su forma de ser. Con ello, Grau demuestra a los jóvenes profesionales que no son los títulos obtenidos los que definen al profesional, sino es su capacidad de hacer y el esfuerzo que pongan en aprender de la experiencia, pero sobre todo, en querer ser mejor, poniendo lo que se sabe al servicio de otros.
Grau no cree en la suerte; los logros en su vida no son resultado de un camino fácil. En sus propias palabras: "Yo en todos los lances de mi vida he tenido que luchar contra el destino, que siempre hacía nacer a mi paso dificultades para todo. Desde mi niñez si he salido bien en lo que me he propuesto, ha sido después de dificultades y luchas que ponían a prueba mi carácter y mi constancia". Con ello, el almirante nos invita dejar de lado el oportunismo y la compadrería APRA cultivar la profesionalidad y desarrollar nuestras propias ventajas para superar las adversidades.
Finalmente sería adecuado mirar otro aspecto de su vida: Grau como político. Principalmente quiero resaltar la decisión de un hombre que, con una reputación ganada como mercante y como oficial de marina, abraza un nuevo reto en su vida con el único propósito de ofrecer un servicio a su país. Además, regala al congreso nacional una de las actuaciones públicas más dignas que tenga memoria la vida republicana, cuyo legado debería servir a todos quienes son servidos del estado.
Los datos mencionados en este artículo pertenecen a la vida de Grau antes de cumplir 45 años, antes de embarcarse en el Huáscar para cumplir su última misión. Por ello, Grau es digno de seguir no sólo por su inmolación en Angamos, sino fundamentalmente por el ejemplo de profesionalismo y servicio que dio en su época. Por lo primero lo alabarán los marinos, por lo segundo, le debemos admiración y ejemplo todos los peruanos.
(*) Profesor del PAD-Escuela de Dirección de la Universidad de Piura
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