Los hombres de empresa que necesita el Perú

Palabras del rector en la Ceremonia de Graduación de la XI Promoción del Master en Dirección de Empresas. (Piura, 27.IX.02)

Dignas autoridades académicas y civiles;
Sr. Presidente de CONFIEP;
Director General de la Escuela de Dirección, PAD de la Universidad de Piura;
Directora del Programa Master en Dirección de Empresas;
Ilustre Claustro de Profesores;
Estimados graduados, familiares, amigos;
Señoras y señores

Los nuevos graduados sienten la gran alegría de haber culminado con éxito la etapa de formación intensa que emprendieron en abril del año pasado y acompañados por familiares y amigos, la comparten con sus profesores y con las autoridades de la Universidad, la que a su vez en este Acto la expresa de un modo institucional. Es la Universidad la que está de fiesta porque entrega a la sociedad el fruto de mucho trabajo y lo que constituye el cumplimiento de su misión.

Ser agradecidos

Por esto es un día de fiesta y de felicitaciones mutuas. Y también de alegría compartida y de gratitudes: ¡qué lógico que ustedes estén agradecidos por el grado académico recibido y por lo que representa!

Y es lógico también que la sociedad les agradezca el esfuerzo que han hecho y el de la Universidad, ya que no es sólo un beneficio para ustedes tener el grado de Master, sino un gran bien para toda la sociedad. Si no fuera así, pienso que no habría valido la pena todo el esfuerzo de ustedes y sus profesores, y también de sus familias.

Un vistazo al camino recorrido hasta ahora basta para caer en la cuenta de lo mucho que debemos a tantas personas. Efectivamente, lo que somos es el resultado de los desvelos y el cariño de nuestras familias (padres, hermanos, esposas, esposos, hijos…); pero quizá también de aquel amigo que nos acompañó en el sufrimiento, aquel otro que descubrió alguna de nuestras habilidades o de aquel profesor que con su exigencia -que quizá no entendimos en su momento- nos ayudó a crecer. Puede ser éste un buen día para repasar nuestra vida, descubrir los esfuerzos de esas personas y agradecerlos.

Y es oportuna la ocasión para agradecer también a quien principalmente ha hecho que hoy, sábado 28 de septiembre del 2002, estemos aquí reunidos, en un lugar donde hace 33 años sólo había arena: el Beato Josemaría Escrivá, Fundador de la Universidad de Piura. Una persona que se planteó (porque Dios se lo pedía) "metas imposibles", que fue tremendamente fiel y agradecido a Dios, y que supo hacer realidad en su vida lo que, con el eco de sus palabras, les aconsejo hoy a ustedes: "Lo que se necesita para conseguir la felicidad, no es una vida cómoda, sino un corazón enamorado".

Dentro de apenas una semana, cuando bajo este cielo piurano sean las tres de la mañana, repicarán las campanas en la Plaza de San Pedro, anunciando al mundo un nuevo santo: San Josemaría Escrivá. Allí estarán unos 400 piuranos; profesores, alumnos, familiares y amigos de la Universidad de Piura, que harán un viaje de peregrinación para dar gracias por los dones y favores recibidos.

El Perú como oportunidad

Si comparáramos su vida profesional con una travesía, podríamos decir que ustedes se encuentran en el puerto, en el preciso momento de levar anclas, dispuestos a zarpar. Llevan en su equipaje los instrumentos indispensables para navegar por aguas mansas y bravas. Tienen como brújula la experiencia vivida y los conocimientos adquiridos en su formación humana y universitaria, enriquecida ahora con la maestría que han culminado con éxito. Y tienen como motor un corazón lleno de entusiasmo y la ilusión de transformar el mundo.

¿Y en qué debe consistir ese viaje?, ¿qué nos espera al otro lado del océano? El momento actual nos exige plantearnos el Perú como oportunidad. Se viene diciendo desde hace décadas que somos una nación rica en recursos naturales, en historia, en cultura. Sin embargo, el país parece estancarse en el atraso y en la indolencia de no pocos, que se dejan ganar por un sentimiento de desánimo y pesimismo. Es verdad: para nadie es desconocido que el Perú sigue inmerso en una crisis, que ya lleva muchos años. Pero esta realidad no nos puede abatir: nos debe empujar a plantearnos metas altas, a levantar la vista del suelo y a soñar. Los animo a sacar todo el partido de los dones que han recibido, pero no sólo para satisfacer la ambición de triunfo personal, sino sobre todo para contribuir al bien de la sociedad.

Ustedes han tenido la extraordinaria oportunidad de formarse para emprender el cambio que la sociedad peruana exige. Les aseguro que están plenamente capacitados para ello. No tengo la menor duda de que serán hombres exitosos, pero el país exige de ustedes no el éxito efímero de la fama y del dinero, sino el compromiso de asumir como reto el desarrollo del Perú. Un desarrollo que no se limita a unas cifras en azul, a una infraestructura moderna y a la creación de empresas eficientes. El sello distintivo de la Universidad de Piura que hoy blanden en sus medallas debe hacerles recordar que ustedes, además de las habilidades y destrezas que el managment exige, se han formado como personas con un alto sentido de la responsabilidad y de la generosidad. Hombres que serán la sal y el fermento en una sociedad sedienta de valores y virtudes.

La Universidad habrá tenido un verdadero éxito sólo si ustedes, como buenos empresarios, asumieron el riesgo de emprender el mejor negocio que existe: apostar por las personas, creer de todo corazón que éste es un país con esperanza, una nación capaz de cambiar y de enfrentar el futuro con decisión. Bien saben ustedes que no hay tareas imposibles, sino hombres incapaces. "Soñad y os quedaréis cortos", solía decir el Beato Josemaría. Yo los invito a soñar con un Perú mejor. Si cada uno de nosotros hiciera lo que corresponde, les aseguro que mañana despertaríamos en un nuevo país.

Humanizar el mundo de la empresa

Estas palabras pueden sonar utópicas para quien considera que la empresa sólo tiene que ver con los resultados inmediatos, con una visión pragmática y 'realista' del mundo, con ganar cada día más dinero. Obviamente, ganar dinero no está mal, pero es necesario que, a la par de la competitividad, la eficiencia, y el prestigio se busque humanizar el mundo empresarial. Es curioso que, siendo la empresa una organización integrada por seres humanos, hablemos de humanizarla. Sin embargo, la exhortación es totalmente válida, dados los signos de nuestros tiempos.

Al empezar este nuevo milenio, el Papa Juan Pablo II nos urgía a humanizar este mundo nuestro, previniéndonos ante el peligro de que los avances científicos y tecnológicos se vuelvan contra el hombre mismo, atrapándolo, deshumanizándolo, con riesgo real de destruirlo moral y físicamente.

Decía el Santo Padre: "El humanismo que deseamos promueve una visión de la sociedad centrada en la persona humana y en sus derechos inalienables, en los valores de la justicia y de la paz, en una correcta relación entre personas, sociedad y Estado, y en la lógica de la solidaridad y la subsidiariedad. Es un humanismo capaz de infundir un alma al progreso económico para promover a todos los hombres y todo el hombre". Yo los animo a que también ustedes aspiren a infundir un alma al mismo progreso económico.

Cómo tendrá actualidad este tema que hace pocos días durante la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible convocada por la ONU en Johannesburgo, la Santa Sede, al lanzar un llamamiento a la "conversión ecológica" planteó el mismo desafío: poner al hombre y a la mujer en el centro del desarrollo, porque "los seres humanos constituyen el centro de las preocupaciones relacionadas con el desarrollo sostenible. Tienen derecho a una vida saludable y productiva en armonía la naturaleza".

Y, más aún, como dijo el jefe de la delegación vaticana en la cumbre, "colocar a los seres humanos en el centro de las preocupaciones por el medio ambiente es el medio más seguro de salvaguardar la creación". Porque "el desarrollo es, ante todo y sobre todo, una cuestión de personas (…) Las medidas jurídicas, económicas, y técnicas no son suficientes para resolver los problemas que plantea el desarrollo sostenible". Recalcó que muchos de estos problemas son de carácter ético y moral, que implican un profundo cambio en la civilización moderna de sus típicas características de consumo y producción, especialmente en los países industrializados.

Estas palabras están muy a tono con lo que expresó hace décadas un intelectual no precisamente católico, Albert Camus, quien desde su tribuna literaria afirmaba que "cuando un problema pasa del plano político al plano moral es cuando realmente el problema puede empezar a resolverse".

Es necesaria, pues, como sostiene la Santa Sede, alentar y apoyar la llamada "conversión ecológica", que no es otra cosa que apostar por una "ecología humana" que haga más digna la existencia de los seres humanos en el ambiente humano (…) Y para ello se requiere educación en responsabilidad ecológica, educación que no puede arraigarse en meros sentimientos o en deseos vacíos". Y una verdadera educación en la responsabilidad "exige una genuina conversión en la manera de pensar y en el comportamiento, promoviendo una auténtica cultura de la vida, que debería ser la base de una nueva cultura del desarrollo sostenible".

Ser solidarios

La empresa y los hombres de empresa, al menos los que se forman en nuestra Universidad, lo repito una vez más, tienen que asumir el reto de humanizar la sociedad y el mundo. No se dejen contagiar el cinismo de todo esto no es aplicable a la realidad. No caigan en la postura cómoda y egoísta de pensar sólo en el beneficio personal, habiendo tanto por dar a los demás. ¡Hay tanto por hacer! El mundo requiere que sean solidarios con los que menos tienen, pero no aplicando políticas paternalistas, que atrofian la voluntad, sino haciendo lo que mejor saben hacer: buenos negocios.

En un país donde los niveles de pobreza y analfabetismo son tan altos, tener la oportunidad de acceder a una formación como la de ustedes es un verdadero privilegio que les debe hacer voltear la mirada hacia los que menos tienen. No basta con decir "yo pago impuestos y que se encargue el Estado de resolver los problemas sociales". Tampoco con brindar ayudas a instituciones de bienestar social. No hay auténtica justicia social ni contribuiremos a dar los pasos hacia el desarrollo humano si no fomentamos estas virtudes a nivel personal, tanto en nosotros, como en los que nos rodean, en la familia, en el trabajo, en las relaciones sociales.

Quiero decirles también que la Universidad de Piura necesita de ustedes. Cientos de jóvenes que aspiran a un futuro mejor se forman en nuestras aulas, pero muchos de ellos afrontan una situación económica muy difícil. Se necesita que muchos contribuyan a que estas personas puedan seguir accediendo a una educación de calidad gracias a becas y ayudas.

Clima de confianza en la empresa

No quiero dejar de decirles algo que me parece importante en un directivo: la virtud de saber escuchar. Es algo muy simple. A veces oímos, pero no escuchamos.

No escuchar a los demás, implica una deficiente manera de dirigir y una falta de caridad. Estoy convencido que mucha gente necesita ser escuchada y que una simple frase puede cambiarle la vida a alguien en un momento determinado. Esto lo he comprobado en mi experiencia docente y me ha dado magníficos resultados.

Y también escuchar las correcciones y críticas positivas: un buen directivo precisa de colaboradores que lo ayuden a corregir cuando se equivoca, porque así se capitaliza la experiencia.

Se aprende de los errores y de los fracasos. ¡No hay que tener miedo equivocarse!, porque ésta es la fuente del aprendizaje. Dice un viejo adagio: "Mostradme a un hombre que no haya cometido errores y me mostrarás a un hombre que no ha hecho nada". Fallar no lo convierte a uno en un fracasado. Rendirse ante ese fracaso y tener miedo a volver a intentarlo, a perseverar sí lo hace fracasado.

Cuentan que a Tomas Watson, presidente de IBM en sus inicios, le preguntaron si despediría al empleado que había hecho perder 600 mil dólares a la empresa. Él respondió: "¡De ninguna manera! Acabo de invertir 600 mil dólares en su entrenamiento. ¿Ustedes piensan que lo voy a despedir".

Unido a la virtud de saber escuchar es imprescindible saber callar. Es muy frecuente encontrar en las organizaciones la costumbre destructiva de hablar mal a espaldas de las personas. La 'cultura del raje' crea un clima de desunión y desconfianza que deteriora el clima organizacional. Cuando el raje se asienta en la cultura empresarial se pierde coordinación y cada uno jala para un lado diferente. Se crean bandos de "buenos y malos". Hay que desterrar esa práctica, típica en algunos ambientes de nuestro país, que es tan dañina y tan desleal.

Frente a esta realidad es imprescindible fomentar un clima de confianza y respeto. Escuché al Prof. Pablo Ferreiro en una clase inaugural, hace unos años, que "pensar bien" -es decir acertar en los juicios- equivalía a "ser bien pensados" (justo al revés del conocido dicho popular: "piensa mal y acertarás"). Pensando bien y presuponiendo buenas intenciones, se evita el riesgo de ser injusto y se ayuda mucho a tener el clima de confianza que estimula a quien es tratado así mejorar para no defraudar.

En el fondo todo esto no son tácticas: se trata de vivir virtudes. En una oportunidad, cuando el Fundador de esta Universidad visitó el IESE de Barcelona, le preguntaron cuál era la primera virtud que ha de esforzarse en adquirir un empresario. Y él respondió: "La caridad, porque con la justicia sola no se llega (…) Trata siempre con justicia a la gente y déjate llevar un poco del corazón. Hasta donde puedas". Se explayó con otras referencias y concluyó: "Haz lo que puedas por los demás, por medio de tu trabajo. Y vive, con la justicia, la caridad. La justicia sola es cosa seca: quedan muchos espacios por llenar. Pero no hables de caridad: ¡Vívela!".

Reconocer el trabajo bien hecho

En la línea de la justicia y de la caridad está algo indispensable en la empresa: agradecer el trabajo cuando está bien hecho. Ser un buen directivo significa conocer bien a la gente que trabaja para nosotros, exigir adecuadamente a cada uno, llevar a los miembros de la empresa hacia objetivos comunes y trascendentes. Tenemos que descubrir cuándo la gente está cansada, cuándo hay que refrescarla, cuáles son sus verdaderas necesidades, sus anhelos profesionales.

El profesor Juan Antonio Pérez López afirmaba que "el liderazgo de un directivo es lo que le impulsa a preocuparse no tan sólo de que se hagan ciertas cosas que convienen a la organización para que sea eficaz. El líder busca, sobre todo, conseguir que las personas actúen por motivos trascendentes. Trata de mantener y hacer crecer la unidad de la organización".

Cualquier directivo obsesionado con la maximización de la eficacia inmediata generará muchas situaciones en las que los subordinados tengan verdaderas dificultades para actuar por motivos trascendentes.

Pérez López agrega que "lo que debe hacer un directivo para mejorar la unidad de su organización es "enseñar a sus subordinado acerca del valor real de sus acciones; enseñarles, pues, a valorar las consecuencias de sus acciones para las otras personas".

Decía Eisenhower que "liderazgo es el arte de lograr que otra persona haga algo que tú quieres porque ella realmente lo quiere". Y ello se consigue enseñando con el ejemplo. Buscando que las personas crezcan con nosotros.

Cuando alguien se esfuerza por hacer bien su trabajo, cumple con lo esperado y además hace esfuerzos extra, es bueno que su superior se lo haga notar, con un comentario, con una nota, con una atención. No basta, pues, gerenciar, controlar, sino dirigir humanamente a los demás.

Con la falta de reconocimiento se logra que el colaborador que tenía entusiasmo, decaiga y se ponga a la defensiva, cometa errores, se vuelva incrédulo y piense que es inútil esforzarse porque nadie lo apreciará.

Apostar por Piura

Y ahora quiero mencionar algo de actualidad de nuestra Universidad: muchos de ustedes ya saben que en marzo próximo iniciamos el Campus Lima, con tres carreras: Administración de Empresas, Economía y Administración de Servicios, que ya se ofrecía desde 1998. Algunos me han preguntado si no es una contradicción apostar por Piura y por la descentralización e iniciar nuestras actividades en Lima. ¡Muy por el contrario! Piura es y seguirá siendo nuestra prioridad, y nuestro sueño.

Lima nos da la oportunidad de atender a alumnos que desean la formación de la Universidad de Piura, trabajando allí de la misma forma que en Piura, brindando una formación sólida en aspectos humanísticos y en los propios de cada carrera específica. El Campus Lima será un apoyo a la actividad de la Universidad en Piura, donde tenemos y tendremos siempre nuestra sede principal. Esta ayuda puede concretarse en diversos temas: nuevos profesores, fondos para investigación, formación de docentes y bibliografía, recursos económicos para sostener la actividad en Piura, etc.

Con Campus Lima podemos complementar la formación en el campo empresarial que a nivel de programas de perfeccionamiento brinda desde el año 1979, el PAD-Escuela de Dirección. Además, en Lima hay empresas que buscan contratar a egresados de nuestra casa de estudios (como actualmente ocurre), lo que ahora se facilitará.

Quiero recordar aquí las palabras de nuestro Fundador durante su visita al Perú en 1974: "la Universidad de Piura es un gran bien para los almas, para las inteligencias, para el pueblo entero del Perú". Estas palabras encajan perfectamente con esta nueva iniciativa. De él hemos heredado el cariño por Piura, que es parte del espíritu de la Universidad. En aquella oportunidad, respondiendo a la Srta. Clarita Hilbck de Balarezo que le agradeció la Universidad de Piura dijo: "Yo estoy en Piura desde el primer momento. Amo a la universidad y a toda la población de Piura. Quiero con predilección al profesorado, a los estudiantes, a los empleados, a todos".

Y termino con estas palabras cargadas de cariño, porque ustedes -siendo la mayoría de fuera de Piura- han pasado en ella estos 18 meses de formación intensa y les pido que no se olviden de esta tierra, que tanto necesita de ustedes. Aquí dejan buenos amigos, a sus profesores, que siempre estarán dispuestos a ayudarlos. No duden en acudir a su Universidad cuando la necesiten. Ésta es su casa y siempre serán bienvenidos. Mis felicitaciones de nuevo, y ahora a levar anclas: el Perú y el mundo los esperan.

Muchas gracias.

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