Año III - Número 122 Boletín semanal elaborado por la Dirección de Comunicación Junio 2004


La muerte en el mundo andino

¿Cuál era el significado de la muerte en el mundo andino? Para Víctor Velezmoro, profesor del departamento de Humanidades, la respuesta a esta interrogante se encuentra nada menos que en los diseños de los ceramios Mochicas. Allí en el barro, los hombres del Perú pre-colombino han plasmado la idea que tenían de la muerte: el baile de los muertos, relacionado con la llegada de las lluvias; la entrada al inframundo, esto es, el carnaval o regreso de los muertos a su mundo; y la visión apocalíptica o mundo horroroso, posiblemente un ejemplo de "mala muerte" prehispánica.

Así lo planteó Velezmoro en su exposición El baile de la Muerte. Ejemplos de iconografía escatológica en Occidente y América precolombina. Esta iconografía poco estudiada, dijo, tiene importancia, pues lleva a entender mejor la interrelación entre los seres de los distintos mundos (hanan pacha, kay pacha y uccu pacha) en las ceremonias y rituales para propiciar los cultivos, así como profundizar más en el pensamiento religioso andino.

Velezmoro analizó la imagen de la muerte no sólo en el mundo Mochica, sino también en la Europa cristiana de la Baja Edad Media. Precisamente, en esta época -dijo- la "Danza de la muerte" (Dançe Macabre o Tottentanz) surgió como respuesta de la prédica cristiana ante el temor generado por la inevitabilidad de la muerte en un contexto como la Baja Edad Media europea durante los siglos XIV y XV.

La primera serie de grabados fue impresa en París en 1485. Se titulaba "Danse Macabre des hommes", su autor, Guyot Marchant, debió basarse en un antiguo (hoy perdido) mural pintado en el Cementerio de los Inocentes de París en 1424. La segunda serie, "Tottentanz", corresponde al buril de Hans Holbein de jüngere, fue realizada entre 1523-1535 e impresa en 1538 en Basilea.

Ambas series iconográficas se plantearon como respuesta doctrinal y educativa ante los sentimientos contradictorios, generados en dicha época de cambios y evoluciones constantes frente a la avaricia por las cosas mundanas, el orgullo de la gloria terrenal y la vanidad de la belleza. Así la figura de la muerte (como cadáver putrefacto o como esqueleto), entendida como espejo o reflejo del hombre, se constituía en un "memento mori", es decir, en un recuerdo de que la muerte llega a todos por igual y debe aceptarse con humildad y resignación puesto que es la última manifestación de obediencia al designio divino.

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