La crisis de valores

Francisco Bobadilla Rodríguez (*)

Es muy común escuchar hablar de crisis de valores. Pareciera que es una de las tantas modas temáticas que suelen aparecer y a la que se les dedica libros, artículos, congresos, etc. Sin embargo, no se trata de una moda; sino de la raíz, el centro o corazón de muchas de las crisis actuales. Precisamente, en el reciente Congreso realizado por la Universidad de Piura: La Formación en Valores desde la Familia y la Universidad, se buscó dar una respuesta a esta crisis a la luz de las enseñanzas de su Fundador y primer Gran Canciller Josemaría Escrivá de Balaguer, recientemente canonizado.

El Congreso abordó en sus conferencias magistrales, paneles y comunicaciones las multiformes manifestaciones de una praxis personal y social basada en valores efectivamente compartidos. El hombre contemporáneo está amenazado por el peligro de la fragmentación que lo lleva a asumir posturas esquizofrénicas: una ética para el hogar, otra en el trabajo, otra en la calle; pareciéndose así a la legendaria hidra de múltiples cabezas y jaquecas. No se puede pretender ser justos en la familia y en la calle hacer gala de la llamada viveza criolla; es necesario procurar tener unidad de vida.

¿Qué le da consistencia a la convivencia social? La respuesta de los participantes ha sido unánime: la ética es el conectivo social por excelencia y de lo que se trata es de encontrar los modos para que ella vitalice a la sociedad civil, al mercado y al Estado. Esto nos enfrenta con uno de los problemas actuales, que va de la mano con la crisis de valores, el individualismo. "El individualismo -decía Rafael Alvira en su ponencia- es un error porque el hombre se encierra en si mismo y no se preocupa por los demás." Y menos aún puede vivir una verdadera amistad. Porque "la amistad -nos dice Pablo Ferreiro- es una actitud, es una oferta porque yo ofrezco mi amistad, es una apertura hacia todos."

Es evidente que una cultura de valores es un reto exigente y supone trabajo arduo, de fondo. Pero la dificultad llama a la creatividad intelectual y así lo hizo notar el profesor José María Sesé en la conferencia final, quien afirmó que la actitud adecuada para afrontar la crisis de valores no es el desánimo, ni la acidez espiritual, sino un talante lleno de esperanza, que huya de los ceños fruncidos y de la solemnidad acartonada, siguiendo aquel consejo de Escrivá: "la verdadera virtud no es triste y antipática, sino amablemente alegre".

La falta de unidad de vida, como se ve, genera falta de unidad social. La sociedad se dispersa en bandos -y no en comunidades, las cuales implican amistad- movidos por intereses particulares y regidos por curiosas escalas de "valores" como el beneficio propio. La promoción de la unidad de vida es una pieza clave para la solución de esta crisis de valores; pero ésta sólo puede asumirse de modo personal; y únicamente se realiza de modo social. Y las principales comunidades desde las que hay que empezar -como bien lo expresa el título del congreso- son la familia y la universidad.

(*) Profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Piura.

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