¿Cuánto vale una sugerencia?

Un buzón de sugerencias vacío puede significar dos cosas: o nuestro personal no tiene ninguna idea que aportar o simplemente prefiere guardársela. ¿Qué define un comportamiento u otro? Aquí, algunas ideas.

Hugo Sánchez Casanova (*)

Cada vez son más comunes en las empresas los buzones de sugerencias. Muchas veces no son buzones físicos: Es un concepto que busca aportes de todos los miembros de la organización. Existe una serie de historias sobre compañías que gracias a la ayuda de su gente han conseguido éxitos comerciales resaltantes. Un ejemplo de ello es la historia de la creación del Post-it de 3M.

Fomentar el desarrollo de ideas se ha vuelto una necesidad fundamental en las organizaciones que desean ser competitivas. En entornos de crisis con mayor razón. Entrar en este concepto tiene una repercusión muy grande en la cultura de la empresa, pues las ideas dejan de fluir en efecto cascada -de la alta dirección hacia abajo- y se disparan de abajo hacia arriba, con lo cual logran un efecto cohete. ¿Por qué algunas compañías pueden conseguir esto y otras no?

Difícilmente pensaríamos que cuando las empresas no consiguen aportes de sus miembros se debe a que estos son incapaces o poco creativos. La mayoría de los trabajadores -gente normal y corriente- siempre tiene alguna idea que decir, producto de su propia inspiración o como consecuencia de la colaboración de algún cliente o de la observación de los usuarios del producto que fabricamos. Debemos concluir que si no recibimos ideas es porque los trabajadores no están motivados a darlas. Una primera vía para motivar a que las personas den ideas es poner un bono por cada una que sea viable y produzca resultados. Ciertamente un dinero extra no le cae mal a nadie, pero en muchos casos las consecuencias de dar una idea son funestas. Gracias a una buena idea la empresa mejora sus índices de productividad y los traslada a la línea de producción en forma de un ajuste en los estándares de producción o de un despido. Quien dio la idea siente que su bono se diluye en la forma de mayor trabajo al mismo salario o con la pérdida de un compañero. El precio (llamado bono) pagado no es suficiente para compensar sus consecuencias.

A este punto conviene resaltar que precio no es lo mismo que valor. El primero está referido a un signo monetario y a una cantidad. El valor no. Al contrario, las cosas verdaderamente valiosas no tienen precio. Por lo tanto, el valor de una sugerencia tiene que pagarse con una moneda equivalente: otro valor. Nos referimos a la amistad. ¿Es deseable que en una empresa se fomente un clima de amistad? La respuesta es sí. Ser capaz de corregir a alguien es un signo de valentía; intentar ayudarlo, una muestra de exigencia; y acompañarlo en el proceso, una demostración de constancia. Todo ello nos perfila un tipo de persona que queremos dentro de la organización: valientes, constantes, exigentes y con muchos otros atributos que por espacio no podemos mencionar. ¿Cómo fomentar la amistad en la empresa? Siendo amistosos.

Si una empresa quiere apostar por un desarrollo basado en la creatividad e innovación de la gente, debe ser capaz de valorar a sus trabajadores gente con un clima de amistad.

(*) Profesor del PAD Escuela de Dirección de la Universidad de Piura.

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