Año III - Número 132 Boletín semanal elaborado por la Dirección de Comunicación Agosto 2004


Estadísticas oficiales y ruido político

Por: Gabriela Ortega (*)

En el mensaje presidencial del pasado 28 de julio, fueron anunciadas estadísticas oficiales sobre reducción de la pobreza, que poco han resultado esperanzadoras para muchos de los peruanos, sino que más bien han levantado cierta controversia y desconfianza en el futuro y en la imagen presidencial, bastante mellada en nuestros días.

Tales anuncios han sido asumidos ya sea como una inadecuada estrategia del asesor del discurso presidencial, como una forma de autoengaño o apañamiento del presidente Toledo o como una objeción a la credibilidad de las estadísticas oficiales. Pienso que merece la pena discutir el tercer punto mencionado, siendo el más objetivo y sobre el cual - dada la actual coyuntura - es importante analizar.

En nuestro país en varias ocasiones ha sido cuestionada la credibilidad e independencia de las estadísticas oficiales. Por ejemplo, en una encuesta realizada por la Universidad de Lima, entre marzo y abril del año 2000, que recoge la opinión de 208 presidentes de directorio entre las mil empresas de mayor facturación del país, el 65% respondió no confiar en las estadísticas oficiales sobre los indicadores macroeconómicos. Si bien la coyuntura política en ese entonces (primera mitad del año 2000) era realmente crítica, esta cifra puede servirnos como un indicador, al menos grueso e indirecto, de que la confiabilidad en las estadísticas oficiales es objetada por muchos.

Cuando la población percibe que existe una falta de independencia de las estadísticas oficiales respecto del manejo político, la confiabilidad o credibilidad de las mismas se pone en duda. De este modo, decimos que las estadísticas oficiales se contagian con el ruido político de un país, lo cual debe tratar de evitarse, aunque muchas veces sea difícil. También pueden cuestionarse por la falta de profesionalidad o calidad en su elaboración, que es un reto que deben asumir las oficinas de estadística ya que el presupuesto que les es asignado suele ser bastante limitado frente a la demanda de información relevante por parte de la población (sobre todo en países como el nuestro).

Las estadísticas oficiales son un producto valiosísimo tanto para los ciudadanos comunes, jefes de hogar, empresarios o inversionistas peruanos y extranjeros, hacedores de política, etc. Son una "radiografía" de lo que ocurre en la actualidad, además de una fotografía que sintetiza la historia de un país o economía. Nos permiten realizar comparaciones y concluir en qué medida hemos mejorado o empeorado, además sirven para tomar decisiones. En un entorno como el actual, en el que los políticos son evaluados y calificados en el día a día (por ejemplo, a través de las encuestas de opinión) y en el que la información se difunde con gran rapidez, las estadísticas oficiales vienen cobrando particular relevancia.

Los políticos pueden emplearlas como información referencial, para cuantificar e informar, para evaluar cómo marcha el país, para la rendición de cuentas, o incluso, para estructurar muchos de sus ofrecimientos o promesas electorales. Las estadísticas oficiales pueden ser utilizadas también como una herramienta directa para la elaboración de las políticas de redistribución, siendo esta última una cuestión más delicada.

Por ello, debe prestarse especial atención tanto a su elaboración como a su uso. En relación a su elaboración, ésta debe realizarse de manera objetiva y científica, sin verse influida por intereses políticos, esto es, con criterio de independencia. En relación a su uso, debe procurarse evitar que sea afectada por el ruido político, aunque - según se ha precisado anteriormente - esto no es sencillo.

Según precisa Ryten: "(...) el público acepta las cifras si cree que la agencia estadística no está para medirlas en beneficio del gobierno central y que no son sólo un reflejo de la política oficial del día". En algunos casos puede ocurrir que existe independencia en la elaboración de las estadísticas oficiales, pero una inadecuada utilización de las mismas, así como una falta de transparencia en su elaboración pueden desvirtuar su credibilidad entre la población. Quizás podemos aproximar esta última interpretación a la actual coyuntura peruana. Según el INEI se redujo la pobreza de un 54.8% en el cuarto trimestre del 2001, a un 52% para abril del 2003 y mayo del 2004, lo cual según el discurso presidencial supuso una salida de 420 mil personas de situación de pobreza. Pero estas cifras han sido asumidas por muchos como un truco estadístico que ha puesto en tela de juicio la calidad del informe en que se basó el discurso presidencial, así como la integridad de las personas que proporcionaron tales cifras, y al fin de cuentas, la independencia del INEI.

En vista del crucial rol de las estadísticas nacionales y de su relevancia en la actual coyuntura política y económica de nuestro país se hace cuanto antes necesaria la implementación de mecanismos que garanticen una mayor y sana independencia de las cifras, la consolidación de las oficinas de estadísticas como instituciones íntegras con un personal capacitado y comprometido con su labor como respaldo; además de demandar por parte de los políticos, una visión clara respecto del valor informativo de las estadísticas y de la importancia de su buen uso. De este modo, resulta vital y urgente trabajar por infundir con mayor fuerza, tanto en la elaboración y en el manejo de las estadísticas nacionales, los criterios de objetividad, profesionalidad, y principalmente, responsabilidad.

(*) Profesora del Programa Académico de Economía de la facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de Piura.

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